La fotografía siempre ha estado presente en mi vida.
A los nueve años empecé a experimentar con cámaras analógicas y, sin saberlo, a construir memoria. Fui esa niña que grababa cada viaje familiar de verano con la intuición —inconsciente pero certera— de que algún día esas imágenes servirían para volver a mirar(se). Hoy, cuando mi abuela pide volver a ver aquellos vídeos, entiendo que todo empezó mucho antes de ponerle nombre.
Para mí, la imagen nunca ha sido solo estética.
Ha sido una forma de sostener el tiempo, de revivir lo sentido, de viajar a lugares que ya no existen del mismo modo.
Durante años luché por comprarme mis propias cámaras, pero no fue hasta 2021 cuando me atreví a fotografiar personas. Gracias al impulso de Raissa Senna di ese paso, y desde entonces supe que mi camino estaba aquí: acompañando la vida cuando sucede de verdad.
Mi vínculo con la infancia viene de mucho antes. De un deseo profundo de cuidar, de acompañar, de estar cerca. Estudié Educación Infantil en la Universidad de Granada, pero pronto comprendí que mi vocación no se desarrollaría dentro de un aula, sino en los momentos más esenciales de la vida: el nacimiento, los primeros vínculos, el inicio de una familia.
Desde 2021 acompaño partos como fotógrafa y doula, y he estado presente en más de 25 nacimientos, incluyendo los acompañamientos realizados en la primera Casa de Nacimientos de Marbella. Esa experiencia ha marcado profundamente mi manera de mirar: con respeto, con silencio, sin intervenir en los procesos, sosteniendo desde la presencia.
Así nació LUNA.
No solo como un proyecto profesional, sino como un lugar desde el que contar historias reales, sensibles y profundas. Una mirada documental, ética y no intervencionista, que respeta los ritmos de cada mujer, de cada criatura y de cada familia.
El nombre del proyecto nace con la intención de honrar lo que somos como mujeres: seres cíclicos, conectados a ritmos antiguos y a una memoria corporal que va más allá de lo visible. La luna, con su ciclo de 29,5 días, nos recuerda los tiempos del cuerpo, de la gestación, del nacimiento y de la transformación.
Para mí, Luna es el puente entre un momento vivido y una historia que permanece cuando el cuerpo ya no lo recuerda del todo. Es el instante en que una mujer nace como madre, y en ese eco aparece la fuerza, la ternura y el pulso vital de lo femenino.
Con el tiempo, mi mirada se ha ampliado. Hoy acompaño también la gestación, el postparto, la lactancia, la infancia y las dinámicas familiares desde un lugar de cuidado, vínculo y confianza. He trabajado como fotógrafa en retiros de maternidad y de vida consciente, porque creo profundamente que la transformación personal es también un acto colectivo.
Este proyecto no busca lo espectacular.
Busca lo humano.
La luz natural.
Las pausas.
Los gestos que no se repiten igual.
No estoy aquí para adornar la vida, sino para acompañarla.
Para que lo vivido pueda verse, recordarse y celebrarse desde el corazón.
Porque en cada nacimiento, en cada familia y en cada infancia, habita un universo por contar.
Y tú eres su protagonista.